Esta canción nace de la voz unida de quienes trabajan y viven de la tierra. Es un homenaje a agricultores, ganaderos, pueblos pequeños y ciudades que comprenden que la soberanía alimentaria no es una idea: es un derecho, una necesidad imperativa de vida, un trabajo diario y una forma de proteger nuestro futuro.
Defiende la economía rural, el valor del esfuerzo local y de quienes mantienen vivo nuestro territorio. Critica un modelo que pretende someternos a importaciones lejanas, a precios injustos y a productos que viajan miles de kilómetros mientras destruyen nuestra economía, nuestro medio ambiente y la salud de quienes consumen.
El tratado Mercosur amenaza con romper ese equilibrio, obligándonos a competir con salarios bajos, condiciones injustas y alimentos producidos con estándares que aquí no se permiten. Apostar por lo cercano no solo es justicia social: es cuidar la tierra, al productor, al consumidor y a las generaciones que vienen.
Esta canción es un recordatorio de que, cuando ciudades y pueblos se unen, cuando el trabajo de la tierra se respeta, la soberanía económica florece.
Porque defender lo nuestro no es cerrarse al mundo: es asegurar que tengamos un mundo que defender.

